Jose Luis Gomez Gomez
EL Arca de Noe del siglo xxi
El viaje
LONGYEARBYEN (NORUEGA).– En el Arca de Noé del siglo XXI, hace un frío que taladra los huesos. Al llegar a la futurista puerta del búnker, construido en las entrañas de una montaña helada, la nieve cae sin piedad y sopla un viento gélido. Nos encontramos en el paralelo 78, a tan sólo 1.000 kilómetros del Polo Norte, y el termómetro marca una escalofriante temperatura de 11 grados bajo cero.
En la carretera que nos ha traído hasta aquí, una señal de tráfico alerta sobre el peligro de los osos polares que campan a sus anchas en todo el territorio de Spitsbergen, la isla noruega donde se ha construido la Bóveda Global de Semillas. De hecho, los aproximadamente 2.000 ciudadanos de Longyearbyen, el pequeño pueblo minero junto al que se ha construido este impresionante refugio mundial de semillas, suelen ir armados con un rifle cuando salen de la ciudad para protegerse de los temibles plantígrados.
«Aquí las semillas de todo el planeta van a estar muy seguras», asegura Ola Westengen, el coordinador del proyecto, que nos recibe en la puerta del búnker para guiarnos por su interior. «Incluso en los peores escenarios del calentamiento global, dentro de la bóveda haría suficiente frío como para preservar la biodiversidad de los cultivos durante cientos de años», explica este genetista noruego.
Al entrar en el edificio, impresiona el larguísimo pasadizo de 125 metros que lleva hasta las tres enormes cámaras donde ya han empezado a guardarse las primeras muestras de semillas. Por el momento, cuando tan sólo han pasado dos meses desde su inauguración, el 26 de febrero de 2008, la bóveda ya contiene 268.000 muestras procedentes de más de 100 países. Sin embargo, se espera que a lo largo de los próximos años, la bóveda vaya llenando poco a poco sus estanterías metálicas, hasta albergar 4,5 millones de muestras de todo el planeta (en total, más de 2.000 millones de semillas). Una vez que alcance su capacidad total, se convertirá en el almacén de semillas más grande del mundo. «Creo que hemos logrado un muy buen comienzo, aunque todavía tardaremos muchos años en llenar la bóveda», reconoce Westengen.
En la actualidad, ya existen más de 1.000 bancos de semillas por todo el mundo. Sin embargo, muchos de ellos, sobre todo en los países en vías de desarrollo, se encuentran permanentemente amenazados por la escasez de agua, el riesgo de terremotos, inundaciones u otros desastres naturales, el impacto de los conflictos bélicos o simplemente una mala gestión debido a la escasez de recursos. Para afrontar todos estos peligros, a los que también habría que añadir la cada vez mayor amenaza del cambio climático o la hecatombe mundial que podría provocar una guerra nuclear, Noruega ha construido la Bóveda. «Nuestro objetivo es conservar aquí una copia de seguridad de las semillas de todo el planeta», explica Westengen. «Así, frente a cualquier catástrofe, de origen natural o humano, la biodiversidad de los cultivos estará a salvo. La bóveda representa una estrategia crucial para garantizar el futuro de los cultivos que nos alimentan a todos».
La conservación de las semillas en la bóveda será un servicio gratuito, y los países que envíen sus muestras seguirán siendo siempre sus propietarios. Todos ellos podrán recurrir a las copias de repuesto que se conservarán en el búnker ártico siempre que una de las variedades desaparezca de su medio natural. «Los bancos de semillas actuales son muy vulnerables a potenciales desastres, y la
Imagen exterior del búnker. (Foto: EMILIO AMADE)
biodiversidad vegetal es una cuestión demasiado importante como para dejarla desprotegida. Por eso hemos construido la Bóveda Global de Semillas», recalca nuestro guía mientras nos adentramos en las tripas del búnker.
Es difícil imaginar un lugar más idóneo que la tierra helada de Svalbard para albergar este banco mundial de semillas. Por una parte, se trata de un lugar remoto, alejado de cualquier conflicto. De hecho, existe un tratado internacional por el cual se considera una zona desmilitarizada. Además, las condiciones depermafrost en la zona, y el hecho de que la roca de la montaña escogida para su ubicación se mantiene fría las 24 horas durante todo el año, convierte a la bóveda en una especie de congelador natural.
Para garantizar la conservación de las semillas en las mejores condiciones posibles, un sistema de refrigeración artificial mantiene las cámaras donde se guardan las muestras a 18 grados bajo cero, la temperatura óptima para preservarlas. Sin embargo, la cantidad de electricidad que se necesita para lograr este objetivo es muy baja, gracias al frío que ya existe de forma natural en el interior de la montaña helada donde se ha construido el búnker. Además, incluso en el caso de que se perdiera el suministro eléctrico por cualquier motivo, el permafrost de la zona preservaría las semillas en buen estado durante décadas. «Las condiciones naturales aquí dentro mantienen la temperatura entre cuatro y seis grados bajo cero, así que incluso sin ningún tipo de refrigeración artificial, las semillas sobrevivirían», asegura Westengen
Grafico
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La Bóveda Global de semillas es un edificio insólito construido a 125 metros de profundidad en el interior de una montaña helada. Su construcción supuso un gran desafío en las duras condiciones del círculo polar ártico
Álbum
El Arca de Noé de las semillas se ha construido en Longyearbyen, un pequeño pueblo minero en la isla de Spitsbergen que pertenece al archipiélago noruego de Svalbard. En sus carreteras se alerta sobre el peligro de los osos polares que campan a sus anchas por todo el territorio.
En Longyearbyen viven unas 2.000 personas, la mayoría de las cuales vive de la minería, elturismo o la investigación científica. Cuandoelmundo.es visitó el pueblo, las banderas ondeaban a media asta por la muerte de dos mineros rusos en un accidente
La Bóveda Global de Semillas se encuentra en las afueras de Longyearbyen, muy cerca de su aeropuerto. Desde el exterior del edificio se puede disfrutar de una espectacular vista: las impresionantes montañas nevadas y el bellísimo fiordo de Spitsbergen.
La entrada de la bóveda tiene un diseño futurista con unos espejos metálicos que reflejan el sol durante el día y brillan en la oscuridad por la noche, concebido por la artista noruega Dyveke Sanne. Junto a la puerta se encuentran los compresores cuya función es enfriar el interior del bunker.
Al entrar en la bóveda, lo primero que se ve es unlargo pasadizo de 125 metros que lleva hasta los tres almacenes del búnker. Para construirlo se utilizó una tuneladora que se trasladó por barco desde la península de Noruega.
El interior del pasadizo se reforzó con una estructura circular de acero diseñada para evitar el peligro de cualquier derrumbe debido a la erosión de la montaña en la que se construyó la bóveda.
El interior del pasadizo se reforzó con una estructura circular de acero diseñada para evitar el peligro de cualquier derrumbe debido a la erosión de la montaña en la que se construyó la bóveda.
Al final del pasadizo, se encuentra la sala de control donde los técnicos de la bóveda registran en los ordenadores del centro cada muestra de semillas que va llegando al búnker desde todos los países del mundo.
Los técnicos tienen que clasificar cada muestra, especificando su especie, procedencia y antigüedad. Toda la información se vuelca en una web a cuyos contenidos puede acceder libremente la comunidad científica.
Las muestras de semillas se introducen enpaquetes con tres capas de aluminio que se cierran de forma hermética para garantizar su conservación en las mejores condiciones posibles.
Una vez que se han registrado y sellado herméticamente, las muestras de semillas se introducen en cajas de plástico y se trasladan a una de las tres cámaras de la bóveda.
De momento, tras dos meses de funcionamiento, sólo ha empezado a llenarse una de las cámaras de la bóveda, que ya contiene más de 260.000 muestras de semillas sobre sus estanterías.
Los ciudadanos de Longyearbyen se mueven por las carreteras de su gélida isla en vehículos todoterreno o motos de nieve, que cuentan con zonas de aparcamiento específicas en las calles del pueblo.