ZULEIMA
RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ 3ºB.
EL ARCA DE NOÉ.
En el Arca de Noé del siglo XXI hace un frío que
congela los huesos. Nos encontramos en el paralelo 78, a tan sólo 1000
kilómetros del Polo Norte y el termómetro marca 11 grados bajo cero.
En la carretera que nos ha traído hasta aquí, alertaba
sobre el peligro de los osos polares, ya que cerca se ah construido la Bóveda
Global de Semillas. De hecho los 2000 ciudadanos del pueblo cercano, al salir
de las casas, salen armados con un rifle para protegerse de ellos.
El coordinador del proyecto asegura que las semillas
van a estar muy aseguradas aquí, incluso en los peores escenarios del
calentamiento global dentro de la bóveda haría suficiente frío para preservar
la biodiversidad de los cultivos durante cientos de años.
Al entrar en el edificio impresiona el pasadizo de 125
metros que lleva hasta las tres cámaras, donde ya han empezado a guardarse las
primeras muestras. Sólo han pasado dos meses desde su inauguración y ya contiene
268000 muestras. Una vez que alcance su
capacidad total se convertirá en el almacén de semillas más grande del mundo.
Según el coordinador cree que hemos logrado un buen comienzo.
Existen 1000 bancos de semillas por todo el mundo,
aunque muchos de ellos se encuentran amenazados por la escasez de agua. Para
evitar muchos peligros, Noruega ha construido la bóveda para así conservar una
copia de seguridad de las semillas de todo el planeta, así si pasa algo las
semillas estarán a salvo.
Será un servicio gratuito la conservación de semillas.
Los países que envíen las muestras podrán
recurrir a las copias que se encuentran en el búnker ártico.
Es difícil imaginar un lugar más
idóneo que la tierra helada de Svalbard para albergar este banco mundial de
semillas. Por una parte, se trata de un lugar remoto,
alejado de cualquier
conflicto. De hecho, existe un tratado
internacional por el cual se considera una zona
desmilitarizada. Además, las condiciones depermafrost en la zona, convierte a la bóveda en una especie de congelador natural.
Hay un sistema de refrigeración artificial que mantiene las cámaras donde se encuentran a 18 grados bajo cero. La cantidad de electricidad que se necesita para lograr este objetivo es muy baja, gracias al frío que ya existe de forma natural en el interior de la montaña helada donde se ha construido el búnker. Aunque se perdiera el suministro eléctrico el permafrost preservaría las muestras durante décadas.